Un niño manco de 9 años recibe un brazo impreso en 3D

Unai Blanco, un niño de Arteixo (A Coruña, España) de 9 años, ha recibido  un regalo anticipado por su décimo cumpleaños, que celebrará el próximo 20 de febrero de 2016: una prótesis impresa en 3D de su brazo izquierdo, con el que espera asombrar a sus amigos y agarrar con más seguridad la bicicleta.

Unai ha recogido su nuevo brazo en el CIFP Don Bosco de Errenteria (Guipúzcoa, España) , donde un equipo compuesto por cuatro estudiantes de primero y segundo de Electrónica, dirigido por el profesor Carlos Lizarbe, lo han elaborado en plástico mediante una impresión 3D.

Se trata de la primera prótesis de un brazo que se hace en España mediante esta fórmula que está revolucionando el mundo de la ortopedia, ya que el resultado es mucho más ligero y más funcional que las prótesis tradicionales.

Nada más probarse su nuevo brazo, verde y naranja como él mismo lo había pedido, Unai ha comenzado a practicar con una botella de plástico, que ha conseguido asir al tercer intento, porque como le ha indicado Carlos Lizarbe, “es difícil al principio y hay que practicar”.

Unai se ha desplazado desde Arteixo al centro educativo guipuzcoano acompañado de sus padres y su hermana pequeña para colocarse y probarse la nueva extremidad que suplirá el brazo que le falta desde que nació.

Según ha relatado su madre, Mónica Martínez, conocía la existencia de las prótesis de manos 3D por la televisión, pero fue en “Maker Faire”, una feria de inventores y creadores del mundo de Bilbao, donde contactó con un amigo que, a su vez, lo remitió al CIFP Don Bosco.

En noviembre de 2015, la familia de Unai habló con este centro y se puso en marcha la maquinaria para elaborar la prótesis.

En primer lugar se escaneó en Pontevedra el muñón del pequeño y se envió el resultado al centro Don Bosco, donde lo imprimieron y consiguieron el molde exacto.

El proceso forma parte del proyecto mundial “Enabling the future”, de carácter altruista, en el que trabajan ingenieros que diseñan las prótesis y cuelgan las piezas en internet para que los interesados puedan descargarlas e imprimirlas en 3D para montar después las piezas, ha explicado Lizarge.

Pero en esta ocasión ese modelo básico ha debido ser modificado para adaptarlo a las dimensiones de un niño de nueve años, una tarea en la que han contado con la ayuda del ingeniero mecánico Lizar Azkune, de Domotek, una empresa que ha querido participar en el proyecto.

De hecho, ha sido “lo que más ha costado” ya que una vez concluido el diseño, la impresión y el montaje se ha desarrollado en unos días, ha afirmado.

Unai tuvo una prótesis ortopédica pero pesaba mucho y no tenía movimiento por lo que “no la usaba casi nunca”, pero según ha señalado su madre, la elaborada con los plásticos utilizados para la impresión en 3D es mucho más ligera y su propietario ha dicho a sus compañeros de colegio que el próximo jueves la llevará a clase.

La prótesis es una funda que cubre el brazo izquierdo de Unai y va sujeta con un velcro en la parte superior. Mediante el juego del codo, el niño puede activar los dedos, esto es, abrir o cerrar la mano a su antojo. “Es muy chula y quiero enseñársela a mis amigos”, ha afirmado el chico. La primera prueba ha resultado muy exitosa, pues ha conseguido sujetar un botellín de agua, aguantar con la mano un teléfono móvil o chocar los cinco con el profesor.

Cuando aprenda podrá aferrarse mejor a la bici, que no monta desde hace mucho, ha reconocido el niño, y no se verá obligado a frenar “de golpe con la mano derecha” como lo hacía hasta ahora.

Es una de las pocas cosas en las que Unai requiere de ayuda, ya que el niño es absolutamente autónomo para cualquier tarea cotidiana, salvo atar los cordones de los zapatos, ha indicado su padre, que ha destacado que la ausencia de extremidad la ha suplido con un tesón y tenacidad.

Los estudiantes que han fabricado el brazo (Xabi Carballo, Sergio Hurtado, Iñaki Peña y Juan Miguez) reconocen que aunque participaron en la elaboración de una mano para una pareja de personas mayores de México, este caso ha sido más gratificante, porque han podido ver cómo el destinatario va a utilizar el brazo.

Para llevar adelante este reto, los autores del brazo en 3D y los padres han tenido que intercambiarse “miles de mensajes” por teléfono para tratar de ajustar al máximo la pieza y hacerla completamente ergonómica. Los artífices de este mecanismo están en contacto con un profesor de Granada que también está preparando un brazo en 3D para un niño de Alicante